Y en estas se montó el lío y llegó el escándalo. Que el Gobierno, a pesar de la mejoría de todos los indicadores, cerrara Madrid con una Orden Ministerial rechazada posteriormente por la justicia, y que apenas 24 horas después impusiera un estado de alarma en contra de su propio criterio al meter en el saco a ciudades que están por debajo del umbral de los 500 casos por cada 100.000 habitantes. «Si tengo ganas hago lo que me da la gana. Yo soy el que decide sí o no. Si piensan mal no me tiene preocupado», cantaba Raphael.
En estas llegó el puente y Madrid se quedó en casa para alegría de muchos y ruina de otros. La de aquellos pequeños negocios que han visto como los madrileños no han pasado por allí para gastar su dinero este año. Mientras esperan tiempos mejores cantarán aquello de «ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio. Contigo porque, me matas. Sin ti porque, yo me muero».


