Navidades intranquilas en la sede de la Liga de Fútbol Profesional. Sobrevuela sobre el ambiente la posible puesta en marcha de la Superliga de fútbol. Un torneo que acabaría con las ligas nacionales y hasta con la propia Champions League.
¿Inminente? Podría serlo. Es al menos el deseo de los grandes clubes europeos impulsores de la idea que exigen más ingresos por su participación en las competiciones.
La cadena británica Sky News soltó la bomba hace un par de meses, y el expresidente del Barcelona Jordi Bartomeu encendió la mecha el mismo día que se despedía del cargo. La última voz autorizada la de Florentino Pérez al pedir una reforma del fútbol europeo.
La crisis económica en la que la pandemia ha envuelto a la mayor parte de los clubes ha sido la que ha agotado la paciencia de los grandes de Europa. La idea es poner en marcha en septiembre de 2022 un torneo cerrado con 16 o 18 equipos participantes y con una fase final en una sede única, similar a la Euroliga de baloncesto que se viene jugando con éxito desde hace varias temporadas.
Hasta JP Morgan se habría interesado por este proyecto con una inyección de dinero que rondaría los 5.000 millones de euros, lo que permitiría que los clubes multiplicaran por tres los ingresos que actualmente reciben por jugar la Champions. Además la intención es que los partidos se emitan por alguna plataforma como Netflix, lo que engordaría aún más esas cifras.
La nueva competición que ya se está cocinando amenaza con ser el punto final de las ligas domésticas, llevándose por delante a cientos de clubes, y enterrando una industria que en nuestro país genera 185.000 empleos y representa el 1,37% de nuestro PIB.
