El Banco Popular carecía de liquidez necesaria para mantener la operatividad. El Popular pidió al BCE que le abriese la ventanilla de urgencia ante una masiva fuga de depósitos, pero ni eso cubría las órdenes.
La entidad entonces presidida por Emilio Saracho, quien negó una masiva fuga de depósitos desde enero, agotó toda la nueva línea de crédito en tan solo 48 horas. El martes a las 15:00 horas de la tarde el Popular no tenía ya ninguna garantía para continuar pidiendo el dinero necesario al BCE, que le obligó a entrar en el mecanismo de resolución por primera vez en la UE, pero sin que ningún regulador lo advirtiera a los accionistas e inversores. El Banco Popular tocaba entonces nuevos mínimos históricos en Bolsa.
Como en otras entidades financieras durante la crisis, en las últimas horas del Popular, extinta ya tras casi 92 años de historia, se produjo una retirada masiva de depósitos, ya que los clientes creyeron que perderían todo su dinero -el Fondo de Garantía de Depósitos solo cubre 100.000 euros por cuenta-. No obstante, si el «bail in» se hubiera advertido con anterioridad ni clientes ni depositantes, como ha ocurrido, no se hubieran visto afectados, manteniendo todos sus ahorros a salvo.
Sin embargo, ni los organismos reguladores, ni la propia entidad, ni tampoco el Gobierno trataron de frenar la sangría con una explicación tan clara desde el inicio, lo que hubiera evitado una salvaje fuga de capitales. Una muestra más de que el rescate interno del Popular era la única salida por la que optó el equipo de Saracho, que rechazó ofertas millonarias por la entidad meses antes de entrar en quiebra. Algunas de estas ofertas apuntaban a los 6.700 millones de euros, lo que habría dejado una prima a los accionistas, que ahora son los principales perjudicados. Estos mismos inversores no descartan ahora emprender acciones judiciales, sobre todo por la última ampliación de capital.
Sin la liquidez del BCE, el Popular no hubiera podido hacer frente a las peticiones de los clientes, dejando las fotos habituales en este tipo de tragedias. Largas colas en las oficinas y miles de ahorradores exigiendo explicaciones, así como una mala imagen del sector financiero. Para evitarlo, el BCE negoció durante la noche del miércoles con el Santander, una noche «larga». según afirmó ayer Ana Botín. El acuerdo, según Botín, se produjo tras una larga negociación, ya que el Santander no presentó ninguna oferta en firme, aunque se dio a conocer que llegó a ofrecer 7.000 millones por el Popular en diciembre, para después ofrecer tan solo un euro simbólico.
Para la ventanilla de emergencia, el BCE exige que la deuda tenga grado de inversión a cambio de prestar dinero. Pero el Popular, tras las sucesivas rebajas del rating, no tenía suficientes garantías aceptables por el organismo presidido por Mario Draghi. Tras recibir el dinero, las peticiones de los depositantes y clientes eran tan elevadas que solo duró apenas 48 horas.
Saracho y su equipo no lo dieron a conocer ni en un comunicado, ni en un hecho relevante a la CNMV, pese a ser un movimiento clave de cara al futuro de la entidad. Tan solo esperaron para verla caer y dejarla en manos del Santander o de cualquier otro banco.


